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Las primeras semanas del Bebé y el Baño

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Durante las primeras semanas del bebé es importante que prestemos una especial atención al baño. En ese sentido hoy vamos a dar algunas indicaciones que esperamos os sean de mucha utilidad.

El aseo en las primeras semanas

Es esencial que tengamos en cuenta que durante las primeras semanas del bebé no podremos bañarlo, sino que nos tendremos que centrar tan sólo en un aseo general.

Pero a su vez, la higiene es más fundamental aún si cabe, razón por la cual vamos a analizar algunos consejos con los que proceder de forma adecuada y sobre todo segura para nuestro pequeño.

Qué voy a necesitar para asear al bebé

Durante estas primeras semanas tan sólo vamos a utilizar esponjas y agua templada y algún otro elemento alternativo dependiendo de las circunstancias y casos.

El proceso del aseo durante las primeras semanas del bebé

Evidentemente, cada vez que cambiemos el pañal será necesario que limpiemos el culete de nuestro pequeño. Para este menester vamos a necesitar toallas húmedas que se hayan desarrollado específicamente para bebés y que por supuesto sean hipoalergénicas y destinadas a pieles sensibles.

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En la medida de lo posible evitaremos la utilización de jabones ya que todavía la piel es muy delicada y se puede irritar con mayor facilidad.

Y por supuesto es importante que nos centremos en cada pliegue y busquemos eliminar todos los restos que se hayan podido acumular.

Si nuestro pequeño tiene tendencia a que la piel de su cara se irrite, en el mercado podemos encontrar cremas hidratantes específicas para él, las cuales aplicaremos en las mejillas, la nariz y la frente.

Esto suele ser bastante habitual, ya que la piel durante las primeras semanas del bebé tiende a de escamarse con extrema facilidad.

A la hora de lavar el cabello empaparemos la esponja en agua tibia y pasamos sobre la cabeza. Posteriormente las secamos y pasamos un cepillo de cerdas suaves.

Para la zona de los ojos vamos a utilizar gasas empapadas en agua templada, la cual habrá sido previamente hervida.

En este sentido también podemos utilizar suero fisiológico en lugar de agua, una opción más interesante especialmente si tenemos en cuenta que el agua del grifo tiende a secar demasiado la piel del bebé.

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En cuanto a las orejas utilizaremos algodón pero tan sólo limpiaremos la parte externa para evitar enviar el cerumen al interior del oído.

En cuanto a la nariz os aconsejamos que echéis un vistazo al artículo que escribimos titulado Cómo limpiar la nariz del bebé donde os explicamos todos los pasos de forma amena y sencilla.

Y finalmente, para limpiar su boca utilizaremos discos de algodón humedecidos con leche limpiadora para niños. No obstante también podemos utilizar toallitas húmedas, gasas esterilizadas y agua templada, etcétera.

Si vemos que sus labios se secan en exceso podemos aplicar un poco de cacao, y sobre todo, cada vez que termine de comer será esencial que limpiemos bien su boca con el objetivo de evitar irritaciones.